OBITUARIO DE UN MAESTRO
HUNTER S. THOMPSON:
A PROPÓSITO DE ESCOPETAS
El hombre que cambiara para siempre el panorama de la prensa escrita norteamericana se suicidó el 20 de febrero pasado, usando una de sus armas favoritas. No dejó una nota, pero sí un último deseo: que dispararan sus cenizas desde un cañón.
DANIEL VILLALOBOS
Todas las grandes invenciones tienen -al menos en la historia oficial- un comienzo poco auspicioso. Así le ocurrió al escritor y periodista Hunter Stockton Thompson, quien en junio de 1970 había sido comisionado por la revista "Scanlan's Monthly" para escribir un artículo sobre el Kentucky Derby. Alcanzado por la fecha de cierre, un Thompson desanimado y harto de todo empezó a enviar hojas sueltas al editor, apuntes incompletos y un borrador del último párrafo. Sin embargo, lo que parecía un suicidio profesional se volvió la semilla de una nueva forma de escribir periodismo: la revista publicó el texto en la forma inconexa y subjetiva en la que Thompson lo había enviado y, de la noche a la mañana, el joven autor se vio acosado por quienes le consideraban la inevitable respuesta al estilo parsimonioso del "The New York Times".Su desorden fue visto como rebeldía. Su escaso interés en los caballos del Derby y su exagerado detalle acerca de sí mismo fueron catalogados de "novelísticos". Y su ir y venir entre el sarcasmo, el delirio y la prédica social fue la señal en la pared que esperaban editores como Jann S. Wenner, el mandamás de "Rolling Stone" que un año después publicaría por entregas el libro más importante de Thompson, "Miedo y Asco en Las Vegas".
Un tipo furioso
Pero, ¿era tan nueva la idea de mezclar recursos literarios con el reporteo periodístico? Capote y Mailer lo habían hecho en "A Sangre Fría" y "Los Ejércitos de la Noche", y el propio Tom Wolfe había dictado cátedra en sus extensos artículos para revistas masculinas y en los prólogos donde se aplicaba a separar el grano de la paja y a distinguir a chicos nuevos como Thompson de los dinosaurios de la vieja guardia. Ya fuera en diarios o revistas, gente como Guy Talese, Jimmy Breslin, Rex Reed o George Plimpton se estaban dedicando a describir tipos físicos, estados de ánimo y sabores de comida con el mismo empeño que Thompson. La diferencia radicó en el tono: Thompson era un Jeremías, un tipo furioso en guerra con el mundo. Su mirada estaba lejos de la bonhomía humanista de Breslin, del cinismo fashion de Wolfe o del tono de señor-sentado-en-la-baranda de Plimpton.
Su estilo fue bautizado como "periodismo gonzo", un término de fantasía para englobar su tendencia al monólogo alucinado y su feroz ataque a las instituciones. Lo suyo era el sonido y la furia de un tipo que se había paseado por los caminos y ciudades de una Norteamérica en crisis y la había encontrado falta de convicción y moral. Tal vez -como muchos grandes escritores- fue injusto con su país y su tiempo: tal vez el Sueño Americano cuyas cenizas escarbó en "Miedo y Asco en Las Vegas" sólo existió en ese conjunto de mitos, baladas populares y novelas que Greil Marcus definiera como "la República Invisible".
Sin embargo, en vez de inventarse un país de bolsillo en el que refugiarse, Thompson optó por salir a la carretera e hincarle el diente a lo que más aborrecía: la moral de pueblo, el doble estándar, la represión sexual, el desprecio por los marginales y aquello que Iggy Pop llamara "la muy americana costumbre de sentirnos desde siempre los pacos del planeta".
Desmadre
Su primer libro fue "Los Ángeles del Infierno", un reportaje testimonial publicado en 1967 sobre la legendaria pandilla de motoristas. Un escritor regular los habría entrevistado cómodamente en algún restaurante: Thompson se fue de viaje con ellos por un año y terminó la investigación recibiendo una paliza que lo dejó escupiendo dientes en la carretera. En 1971 -luego de publicar una primera versión del texto en dos números de "Rolling Stone"- editó "Miedo y Asco en Las Vegas", diario de viaje/ficción drogadicta sobre la peregrinación que él y un amigo hicieron a la ciudad de las apuestas bajo la influencia de toda clase de sustancias. El libro -un breve, sincopado y delicioso tiro en la nuca- tuvo un impacto difícil de calcular, y la infame adaptación cinematográfica dirigida por Terry Gilliam en 1998 sólo aumentó el respeto por el texto original.
En sus libros siguientes, como "Fear and Loathing: On the Campaign Trail" (1973), "Better Than Sex" (1994) y la cuasi-autobiografía "Kingdom of Fear" (2003), la obsesión por las drogas y el desmadre fueron dando paso a una nueva amargura respecto al estado de su país. El sueño libertario había muerto, alegaba Thompson en las entrevistas, y Nixon, Reagan y Bush padre habían matado toda la diversión. "Miedo es seudónimo de ignorancia", escribió en "Hey Rube: Blood Sport, The Bush Doctrine and the Downward Spiral of Dumbness" (2004), la antología de columnas publicadas en ESPN.com donde mezcló la decadencia del deporte profesional con frecuentes ataques a Bush jr. y su política bélica.
El escritor apareció muerto la noche del domingo 20 de febrero en una habitación de su casa en Woody Creek, Colorado, junto al arma que usó para dispararse en la cabeza.
El cuerpo lo encontró su hijo, quien le había ido a visitar por el fin de semana. Y, aunque nadie tiene una pista sobre por qué habría decidido quitarse la vida, ninguno de los amigos o ex compañeros de Thompson estaban sorprendidos por la noticia: Hunter amaba las escopetas y pistolas. Hunter odiaba la vejez, casi tanto como a la administración Bush, cuyo segundo período había definido como "otros cinco años de sífilis". Hunter era un viejo que había pasado de ser portada de "Rolling Stone" a redactar una columna en internet. Hunter -y su veneno- estaba pasado de moda.
Cuando alguien de la talla de Thompson muere, se tiende a poner esa muerte en perspectiva, a buscar signos, a sugerir que el sujeto "se fue en el momento justo", que "cierra una época" o "que era el último de los suyos". Lo cierto es que Thompson (nacido en 1937 en Louisville, Kentucky) había vivido más -mucho más- de lo que cualquiera habría creído conociendo sus costumbres y leyendo sus libros. Y alcanzó a ver cristalizadas varias de sus peores pesadillas: el retorno de la ultraderecha republicana a la Casa Blanca, el monopolio absoluto de los medios y la promoción de guerras como la de Irak. Lo más triste que podría pasar sería que -siguiendo esa lógica descerebrada contra la que murió despotricando- se volviera otro ícono suicida, un afiche decorando las habitaciones de adolescentes que nunca lo leyeron ni lo leerán, y que lo citarán como un tipo "cool" sólo porque era el escritor favorito de Johnny Depp.
Cañón
Una de sus últimas columnas para ESPN giraba en torno a la discusión telefónica que tuvo con el actor Bill Murray sobre un deporte de su invención: el escopeta-golf, donde un competidor lanzaba la pelota con su palo de golf mientras el otro intentaba ganar puntos haciéndola volar de un escopetazo en pleno vuelo. Quizás no sea una forma particularmente sensible de cerrar un texto sobre alguien que abandonó este mundo volándose la cabeza de un tiro, pero -como en el apoteósico final de "Miedo y Asco en las Vegas"- todo se conecta al recordar que su último deseo fue, precisamente, que sus cenizas fueran disparadas desde un cañón.
Thompson inició su carrera periodística reporteando pandillas de motociclistas y carreras de caballos. Es coherente que cerrara el negocio comentando deportes: norteamericano de pura cepa, Thompson vio a su país y al mundo como un lugar donde hay ganadores y perdedores, donde el cuerpo está ahí para ser exigido y abusado en pos de la libertad o la revelación, y donde la sangre y el sudor de las verdades básicas se abren paso bajo la línea de defensa de todas las mentiras oficiales y discursos prefabricados que su prosa nos enseñara a odiar.
A PROPÓSITO DE ESCOPETAS
El hombre que cambiara para siempre el panorama de la prensa escrita norteamericana se suicidó el 20 de febrero pasado, usando una de sus armas favoritas. No dejó una nota, pero sí un último deseo: que dispararan sus cenizas desde un cañón.
DANIEL VILLALOBOS
Todas las grandes invenciones tienen -al menos en la historia oficial- un comienzo poco auspicioso. Así le ocurrió al escritor y periodista Hunter Stockton Thompson, quien en junio de 1970 había sido comisionado por la revista "Scanlan's Monthly" para escribir un artículo sobre el Kentucky Derby. Alcanzado por la fecha de cierre, un Thompson desanimado y harto de todo empezó a enviar hojas sueltas al editor, apuntes incompletos y un borrador del último párrafo. Sin embargo, lo que parecía un suicidio profesional se volvió la semilla de una nueva forma de escribir periodismo: la revista publicó el texto en la forma inconexa y subjetiva en la que Thompson lo había enviado y, de la noche a la mañana, el joven autor se vio acosado por quienes le consideraban la inevitable respuesta al estilo parsimonioso del "The New York Times".Su desorden fue visto como rebeldía. Su escaso interés en los caballos del Derby y su exagerado detalle acerca de sí mismo fueron catalogados de "novelísticos". Y su ir y venir entre el sarcasmo, el delirio y la prédica social fue la señal en la pared que esperaban editores como Jann S. Wenner, el mandamás de "Rolling Stone" que un año después publicaría por entregas el libro más importante de Thompson, "Miedo y Asco en Las Vegas".
Un tipo furioso
Pero, ¿era tan nueva la idea de mezclar recursos literarios con el reporteo periodístico? Capote y Mailer lo habían hecho en "A Sangre Fría" y "Los Ejércitos de la Noche", y el propio Tom Wolfe había dictado cátedra en sus extensos artículos para revistas masculinas y en los prólogos donde se aplicaba a separar el grano de la paja y a distinguir a chicos nuevos como Thompson de los dinosaurios de la vieja guardia. Ya fuera en diarios o revistas, gente como Guy Talese, Jimmy Breslin, Rex Reed o George Plimpton se estaban dedicando a describir tipos físicos, estados de ánimo y sabores de comida con el mismo empeño que Thompson. La diferencia radicó en el tono: Thompson era un Jeremías, un tipo furioso en guerra con el mundo. Su mirada estaba lejos de la bonhomía humanista de Breslin, del cinismo fashion de Wolfe o del tono de señor-sentado-en-la-baranda de Plimpton.
Su estilo fue bautizado como "periodismo gonzo", un término de fantasía para englobar su tendencia al monólogo alucinado y su feroz ataque a las instituciones. Lo suyo era el sonido y la furia de un tipo que se había paseado por los caminos y ciudades de una Norteamérica en crisis y la había encontrado falta de convicción y moral. Tal vez -como muchos grandes escritores- fue injusto con su país y su tiempo: tal vez el Sueño Americano cuyas cenizas escarbó en "Miedo y Asco en Las Vegas" sólo existió en ese conjunto de mitos, baladas populares y novelas que Greil Marcus definiera como "la República Invisible".
Sin embargo, en vez de inventarse un país de bolsillo en el que refugiarse, Thompson optó por salir a la carretera e hincarle el diente a lo que más aborrecía: la moral de pueblo, el doble estándar, la represión sexual, el desprecio por los marginales y aquello que Iggy Pop llamara "la muy americana costumbre de sentirnos desde siempre los pacos del planeta".
Desmadre
Su primer libro fue "Los Ángeles del Infierno", un reportaje testimonial publicado en 1967 sobre la legendaria pandilla de motoristas. Un escritor regular los habría entrevistado cómodamente en algún restaurante: Thompson se fue de viaje con ellos por un año y terminó la investigación recibiendo una paliza que lo dejó escupiendo dientes en la carretera. En 1971 -luego de publicar una primera versión del texto en dos números de "Rolling Stone"- editó "Miedo y Asco en Las Vegas", diario de viaje/ficción drogadicta sobre la peregrinación que él y un amigo hicieron a la ciudad de las apuestas bajo la influencia de toda clase de sustancias. El libro -un breve, sincopado y delicioso tiro en la nuca- tuvo un impacto difícil de calcular, y la infame adaptación cinematográfica dirigida por Terry Gilliam en 1998 sólo aumentó el respeto por el texto original.
En sus libros siguientes, como "Fear and Loathing: On the Campaign Trail" (1973), "Better Than Sex" (1994) y la cuasi-autobiografía "Kingdom of Fear" (2003), la obsesión por las drogas y el desmadre fueron dando paso a una nueva amargura respecto al estado de su país. El sueño libertario había muerto, alegaba Thompson en las entrevistas, y Nixon, Reagan y Bush padre habían matado toda la diversión. "Miedo es seudónimo de ignorancia", escribió en "Hey Rube: Blood Sport, The Bush Doctrine and the Downward Spiral of Dumbness" (2004), la antología de columnas publicadas en ESPN.com donde mezcló la decadencia del deporte profesional con frecuentes ataques a Bush jr. y su política bélica.
El escritor apareció muerto la noche del domingo 20 de febrero en una habitación de su casa en Woody Creek, Colorado, junto al arma que usó para dispararse en la cabeza.
El cuerpo lo encontró su hijo, quien le había ido a visitar por el fin de semana. Y, aunque nadie tiene una pista sobre por qué habría decidido quitarse la vida, ninguno de los amigos o ex compañeros de Thompson estaban sorprendidos por la noticia: Hunter amaba las escopetas y pistolas. Hunter odiaba la vejez, casi tanto como a la administración Bush, cuyo segundo período había definido como "otros cinco años de sífilis". Hunter era un viejo que había pasado de ser portada de "Rolling Stone" a redactar una columna en internet. Hunter -y su veneno- estaba pasado de moda.
Cuando alguien de la talla de Thompson muere, se tiende a poner esa muerte en perspectiva, a buscar signos, a sugerir que el sujeto "se fue en el momento justo", que "cierra una época" o "que era el último de los suyos". Lo cierto es que Thompson (nacido en 1937 en Louisville, Kentucky) había vivido más -mucho más- de lo que cualquiera habría creído conociendo sus costumbres y leyendo sus libros. Y alcanzó a ver cristalizadas varias de sus peores pesadillas: el retorno de la ultraderecha republicana a la Casa Blanca, el monopolio absoluto de los medios y la promoción de guerras como la de Irak. Lo más triste que podría pasar sería que -siguiendo esa lógica descerebrada contra la que murió despotricando- se volviera otro ícono suicida, un afiche decorando las habitaciones de adolescentes que nunca lo leyeron ni lo leerán, y que lo citarán como un tipo "cool" sólo porque era el escritor favorito de Johnny Depp.
Cañón
Una de sus últimas columnas para ESPN giraba en torno a la discusión telefónica que tuvo con el actor Bill Murray sobre un deporte de su invención: el escopeta-golf, donde un competidor lanzaba la pelota con su palo de golf mientras el otro intentaba ganar puntos haciéndola volar de un escopetazo en pleno vuelo. Quizás no sea una forma particularmente sensible de cerrar un texto sobre alguien que abandonó este mundo volándose la cabeza de un tiro, pero -como en el apoteósico final de "Miedo y Asco en las Vegas"- todo se conecta al recordar que su último deseo fue, precisamente, que sus cenizas fueran disparadas desde un cañón.
Thompson inició su carrera periodística reporteando pandillas de motociclistas y carreras de caballos. Es coherente que cerrara el negocio comentando deportes: norteamericano de pura cepa, Thompson vio a su país y al mundo como un lugar donde hay ganadores y perdedores, donde el cuerpo está ahí para ser exigido y abusado en pos de la libertad o la revelación, y donde la sangre y el sudor de las verdades básicas se abren paso bajo la línea de defensa de todas las mentiras oficiales y discursos prefabricados que su prosa nos enseñara a odiar.
